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| Lewis Carroll |
Publicó el libro de Alicia en 1865 y tuvo el bonito detalle de enviarle un ejemplar a una de las hijas de la reina Victoria de Inglaterra, que se llamaba también Alicia. La reina leyó el libro y le gustó el derroche de imaginación que contenía la obra. Tanto disfrutó de la lectura que envió una carta al autor elogiando su trabajo y solicitándole además que le enviara el resto de sus obras.
Carroll, que ya hemos dicho que era matemático, hizo los cálculos y convino que lo mejor era satisfacer la petición de la reina. Así que le envió el resto de su obra: varios libros de trigonometría, álgebra, geometría y ajedrez. Creo que habría merecido la pena ver la cara de la reina cuando viera el resto de la obra de Carroll. Y la gran pregunta es: ¿leería la reina estas obras?

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